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Si el 2009 fue un gran año en cuanto a descubrimientos científicos se refiere, 2010 empieza fuerte gracias a un equipo de neurocientíficos de la Unidad de Ciencias Cerebrales de Cambridge. Estos muchachos han logrado por primera vez en la historia comunicarse con una persona en estado vegetativo. Esto, como os podréis imaginar, abre numerosas puertas tanto para la medicina como para los familiares de los pacientes.
El estado vegetativo es causado varios tipos de accidentes que provocan daños cerebrales permanentes haciendo que una persona pierda la facultad de responder a estímulos externos, de comunicarse y de moverse. Hasta ahora no se sabía a ciencia cierta si estas personas eran conscientes de lo que pasaba a su alrededor, pero gracias a este descubrimiento ahora sabemos que SI que pueden escuchar y sentir.
Adrian Owen y su equipo de neurocientíficos han logrado comunicarse directamente con el cerebro de uno de sus pacientes vegetativos y que éste responda con un sí o un no a unas preguntas simples. Para conseguirlo han tenido que hacer ciertas pruebas primero, tanto con voluntarios sanos como con pacientes en estado vegetal en las que se les pedía a los individuos, primero que se imaginasen a sí mismos en una playa paradisíaca y después que se imaginasen sentados en el sofá de su casa. Usando imágenes mediante resonancia magnéticas los científicos detectaron que con cada uno de esos pensamientos que las personas evocaban en su mente se iluminaba una zona muy concreta del cerebro, siempre la misma. Gracias a estos dos pensamientos tuvieron la capacidad de hacerle a un paciente que llevaba 5 años en estado vegetativo preguntas en las que sólo tenía que responder sí o no. Un pensamiento era para decir sí y otro para decir no. De esta manera pudieron tener 5 respuestas totalmente congruentes sobre si su padre se llamaba de una manera, si vivía en tal ciudad etcétera.
Como os podéis imaginar este descubrimiento ha sido acogido con mucha esperanza por los parientes de personas que se encuentran en ese estado irreversible ya que ahora saben que éstos pueden escucharles e incluso responder a sus preguntas. De la misma manera la medicina dará un paso de gigante para estos casos ya que podrán preguntarle al paciente cosas como si tiene dolor o no y dependiendo de la respuesta pueden adaptar el tratamiento a sus necesidades.
Ha habido periodos de tiempo durante la historia de la vida de nuestro planeta en los que, por razones internas o externas, se han extinguido más de la mitad de las especies que lo poblaban. A estos periodos de tiempo se les ha llamado Extinciones masivas, y desde hace unos miles de años, concretamente desde que apareció el ser humano, hay pruebas y evidencias de que estamos ante la sexta gran extinción masiva de las especies.
Pero primero hagamos un poco de memoria biológica. Hace 440 millones de años un brusco cambio climático acabó con el 60% de las especies de nuestro planeta, esta fue la denominada primera extinción. La segunda tuvo lugar hace 380 millones de años, en teoría, por la caída de varios asteroides sobre la faz de la tierra. La tercera extinción fue sin duda la más devastadora de todas. La teoría más extendida para la tercera extinción es la caída de un gran asteroide hace 250 millones de años, esto causó la pérdida del 90% de las especies de la tierra haciendo de ésta la más importante hasta la fecha. La cuarta extinción masiva de las especies de nuestro planeta ocurrió por la abertura del océano Atlántico. Al igual que pasa con la segunda extinción, con la cuarta no se sabe a ciencia cierta cuántas especies desaparecieron… pero fueron las suficientes como para catalogarla como una de las grandes extinciones masivas. La quinta y más famosa tuvo lugar hace 65 millones de años cuando otro asteroide o cometa impactó contra la tierra causando la desaparición de los dinosaurios y del 60% de las especies de nuestro mundo.
A diferencia de las cinco extinciones masivas anteriores, la sexta no se está teniendo lugar por culpa de factores climáticos o cósmicos, sino por la acción de una sola especie. La primera fase de la ésta sexta extinción comenzó hace alrededor de 100000 años con la aparición de la especie más destructiva que ha conocido el planeta tierra: el homo sapiens. Esta fase se caracteriza por la perturbación de los ecosistemas de mano de los humanos, cuando empezaron a cazar masiva y excesivamente a las especies comestibles. Esto y la dispersión de organismos causantes de enfermedades empezaron a cobrarse las primeras extinciones.
Y desde hace 10000 años, cuando el humano empieza a desarrollar la agricultura, entramos en la segunda y más terrorífica fase. En este periodo de tiempo hemos transformado el paisaje, sobreexplotado especies, contaminado el planeta e introducido especies exóticas destruyendo así ecosistemas autóctonos. El ser humano, gracias a su capacidad de salir de su propio ecosistema causando así una superpoblación, y la no necesidad de interactuar con otras especies para sobrevivir pudiendo así someterlas o eliminarlas, se ha convertido en el cáncer terminal de la vida en nuestro planeta, un cáncer que está a punto de cumplir su misión y hacer de la sexta la extinción más impresionante de la que se haya tenido noticia.
Aún no se sabe a ciencia cierta si esta extinción será la que acabe definitivamente con la vida en nuestro planeta. La cuestión es que, para salvar la biodiversidad de nuestro planeta, hay solo dos opciones en este momento: La primera y la más improbable es que el ser humano cambie su propia naturaleza y deje de destruirlo todo. La segunda, y la que más posibilidades tiene de suceder, es que el ser humano acabe consigo mismo antes de dejar deshabitada la tierra.
No hay que ser muy listo para saber que la opción por la que abogaría el 99% de las especies es la segunda, pero como ser humano que soy me encantaría que se pudiera realizar la utópica primera opción y que nuestra especie, que en un acto de egocentrismo siempre se ha considerado a sí mismo como el bueno de la película, se dé cuenta de cual está siendo su verdadero papel en esta función y que empiece a trabajar en serio para cambiarlo.
Para terminar este artículo os dejo un pequeño vídeo-homenaje, enviado por mi amiga Irene, en el que se recuerda una minúscula parte de las especies con las que hemos acabado recientemente. Espero que a más de uno le sirva para reflexionar.
Desde la antigüedad la humanidad fantasea con la idea de que los dioses juegan a dados con los destinos de los seres humanos sin preguntarse si quiera lo que opinamos nosotros sobre ello. Esta metáfora sobre la insignificancia de nuestras existencias se hace aun más palpable cuando, poco a poco, nos vamos dando cuenta de los inmensos acontecimientos que pasan a nuestro alrededor. Acontecimientos que nos hacen cada vez más frágiles y pequeños
De hecho hace unos días, concretamente el 9 de Noviembre, un nuevo asteroide pasó “rozando” la tierra sin ser descubierto hasta que sólo faltaban 15 horas para su acercamiento. Según los técnicos del programa Near de la NASA, que investiga los asteroides que pasan rozando la tierra, la distancia de 15.000 Km a la nuestro invitado pasó de nosotros equivale a que una bala te pase rozando el oído. Por si este dato no fuera suficientemente siniestro, los técnicos aseguraron también que si el asteroide hubiera venido hacia nosotros no nos hubiera dado tiempo a evitar la colisión.

El asteroide denominado VA 2009 tenía siete metros, muy poco como para provocar una extinción masiva, pero hay que tener en cuenta que el pedrusco de 10 metros que hace pocos días explotó en la atmósfera terrestre sobre Indonesia lo hizo con una potencia similar a la de tres bombas atómicas. Como ya he dicho el VA 2009 medía 3 metros menos con lo que su potencia destructiva sólo equivaldría a la de dos o dos bombas atómicas y media, suficiente no obstante como para arrasar cualquier ciudad del mundo y todos sus alrededores.
¿Tan insignificantes somos? Estamos en nuestras casas pensando que lo peor que podría pasarle a la humanidad es que este o aquel político llegue al poder cuando, sobre nuestras cabezas, nos amenazan continuamente fenómenos que podrían acabar con una ciudad, un país o incluso con toda la humanidad sin darnos tiempo ni para ser conscientes de lo que se nos viene encima.
¿Cuánto falta para que un asteroide de estos alcance la tierra pillándonos desprevenidos? ¿No sería prudente que nuestros gobernantes, a quienes se pagan por velar por nuestros intereses, dejen de gastarse millonadas en guerras y armamentos y las gasten en intentar descubrir la manera de evitar que se nos cierre el telón antes de tiempo?
En más de una ocasión me habréis leído mencionar que estamos viviendo unos tiempos interesantísimos para la ciencia. Estamos empezando a descubrir cosas que hasta hace pocos años eran ciencia ficción, y esto nos está allanando el camino hacia lo que anteayer no eran más que las fantasías de unos pocos locos.
Esta afirmación se puede aplicar a múltiples campos. En la tecnología audiovisual se han hecho avances increíbles consiguiendo crear máquinas que reproduzcan imágenes holográficas que casi podemos hasta tocar. El campo de la física tampoco se queda atrás, hace sólo dos días volvía a ponerse en marcha el mayor acelerador de partículas jamás creado por la humanidad, el LHC, cuyos múltiples experimentos nos ayudarán a conocer un poco más sobre la formación del universo. Esto no sólo es interesante por las teorías que se confirmarán sino por aquellas que siempre hemos dado por sentadas y que de un día para otro se quedarán obsoletas.
Pero es la astronomía la que lleva cautivando la imaginación de miles de millones de personas durante toda la humanidad, y este campo es el que mayor aceleración está adquiriendo en cuanto a descubrimientos sorprendentes. Hace un par de años se fantaseaba con que podía haber agua en Marte para más tarde, hace sólo unas semanas, descubrir atónitos que no sólo hay agua en Marte sino que en la Luna, delante de nuestras mismísimas narices, hay hielo. Y ahora, hace tan sólo unos días, la NASA confirma haber descubierto dos exoplanetas (planetas que están fuera del sistema solar), ricos en moléculas orgánicas, como el dióxido de carbono, que son esenciales para el surgimiento de la vida tal y como lo conocemos.
La vida fuera de nuestro planeta ha dejado de ser cuestión de matemáticas y un poco de sentido común para convertirse en una realidad casi palpable. Me jugaría algo a que, en no mucho más de un par de años, la humanidad descubrirá por fin el primer ser vivo fuera de nuestro planeta, ya sea en forma de célula, de bacteria o incluso en la de algún tipo de animal. ¿No os parece esto interesante?
Aunque claro, lo peor de todo esto es que nuestros medios, en un intento de simplemente complacernos en vez de hacernos pensar, dan más prioridad en sus informativos a noticias como la de un globo en el que supuestamente viajaba un niño americano que a los últimos descubrimientos científicos, descubrimientos que nos llevan cada vez más cerca de nuestro eterno sueño de saber que no estamos solos en nuestro universo.
Como esta entrada es más reflexiva que informativa, os ofrezco una buena imagen con la que deleitaros mientras meditáis sobre todo este asunto. Se trata de una puesta de Sol, pero no una como otra cualquiera. Esta imagen fue tomada en la superficie de Marte por el Spirit, uno de los robots enviados por la NASA para explorar el planeta rojo.

En las Pampas de Jumana, Perú, junto al desierto de Nazca descansa uno de los mayores misterios de la humanidad: Las líneas de Nazca.

Estos dibujos trazados por la cultura Nazca hace miles de años son todo un desafío para los investigadores pues aun no se sabe con ciencia cierta su finalidad. Aunque el conquistador Pedro Cieza de León hizo mención de estos extraños geroglíficos en su libro Crónica del Perú en 1547, no fue hasta 1927 cuando el estudioso Toribio Mejia Xesspe las descubre refiriéndose a ellas como caminos sagrados. Más tarde el investigador Paul Kosok se referiría a ellas como centros de culto y ceremonias.
Pero no fue hasta poco después cuando, gracias a la matemática alemana María Reiche quien pasó 50 años de su vida investigándolas, cuando se descubrió que desde el aire estas líneas adquirían un significado totalmente diferente. En su persistente lucha contra el gobierno peruano para salvar las líneas, esta mujer llegó incluso a atarse a las patas de los helicópteros que sobrevolaban el desierto de Nazca para sacar fotos aéreas de los peculiares dibujos.

La técnica con la que se realizaron estos dibujos es tan asombrosa que ha dejado con la boca abierta a los investigadores de medio mundo. Lejos de dibujar trazos sobre el suelo o pintar las piedras, los antiguos habitantes de Nazca se dedicaron a separar la primera capa de piedra oscura dejando al descubierto la inferior, la cual es mucho más clara. Con este contraste de colores de piedra crearon dibujos con formas animales que sólo se podían ver desde el cielo. Este hecho, el de que los creadores no fueran capaces de ver los resultados de su obra, algunos dibujos miden más de 70 metros, ha despertado la imaginación de propios y extraños siendo considerados desde un método de comunicación con visitantes extraterrestres hasta, y ésta teoría me parece la más acertada, un mapa estelar a gigantescas proporciones.
Hay muchos dibujos célebres en el desierto de Nazca como el del Mono, la Araña el Cóndor o Las Manos (también conocido como El Elfo). Pero el que más sueños ha alimentado ha sido el llamado Astronauta, un dibujo que bien podría representar a un astronauta con sus botas y escafandra… aunque es más posible que se trate de la representación de un chamán con su máscara ritual.

Las líneas de Nazca son y serán uno de los mayores misterios sin resolver de la historia de la humanidad, ya que aun estamos muy lejos de entender la finalidad con la que se trazaron estos extrañísimos dibujos.





