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¿Quién no ha pensado alguna vez lo afortunados que son animales como la lagartija por ser capaces de autoregenerar partes de su cuerpo? ¿No sería grandioso que si por algún accidente perdiéramos un miembro del cuerpo, éste volviese a crecer por sí sólo? Científicos del Wistar Institute, una organización independiente de investigación biomédica situada en Philadelphia (EE.UU.), han descubierto el gen que impide que los mamíferos regeneren sus tejidos.
Este descubrimiento, como casi todos los importantes, se hizo por casualidad. Los científicos americanos del Wistar Institute contemplaron atónitos cómo unas ratas de laboratorio a las que les habían cortado parte de sus orejas para identificarlas, habían conseguido regenerar el tejido que amputado en sólo unos días, como lo hacen animales como la salamandra, y no había quedado ni cicatriz ni ningún otro tipo de rastro donde antes estuvieron sus heridas. Investigando este fenómeno, los científicos americanos descubrieron que la ausencia del gen p21 obligaba a sus células a comportarse como si fueran células madre embrionarias en vez de células adultas y así regenerar los tejidos de su cuerpo.
Ni que decir tiene que este es un paso de gigante hacia un tipo totalmente novedoso de curación para el ser humano. Miembros amputados que se regeneran, heridas que se cierran en pocos días, hay millones de posibilidades aplicables a este posible nuevo proceder en la medicina. Si se descubriera que, al quitarnos un solo gen obtendríamos la capacidad de curarnos automáticamente ¿quién no estaría dispuesto a correr el riesgo de jugar a ser Dios con la genética a cambio de esa cualidad? Sí, empezar a alterarnos genéticamente es un arma que podría acabar para siempre con nuestra especie, pero hay tesoros muy tentadores que sólo podremos obtener arriesgándonos. El debate se vuelve a abrir.
Si el 2009 fue un gran año en cuanto a descubrimientos científicos se refiere, 2010 empieza fuerte gracias a un equipo de neurocientíficos de la Unidad de Ciencias Cerebrales de Cambridge. Estos muchachos han logrado por primera vez en la historia comunicarse con una persona en estado vegetativo. Esto, como os podréis imaginar, abre numerosas puertas tanto para la medicina como para los familiares de los pacientes.
El estado vegetativo es causado varios tipos de accidentes que provocan daños cerebrales permanentes haciendo que una persona pierda la facultad de responder a estímulos externos, de comunicarse y de moverse. Hasta ahora no se sabía a ciencia cierta si estas personas eran conscientes de lo que pasaba a su alrededor, pero gracias a este descubrimiento ahora sabemos que SI que pueden escuchar y sentir.
Adrian Owen y su equipo de neurocientíficos han logrado comunicarse directamente con el cerebro de uno de sus pacientes vegetativos y que éste responda con un sí o un no a unas preguntas simples. Para conseguirlo han tenido que hacer ciertas pruebas primero, tanto con voluntarios sanos como con pacientes en estado vegetal en las que se les pedía a los individuos, primero que se imaginasen a sí mismos en una playa paradisíaca y después que se imaginasen sentados en el sofá de su casa. Usando imágenes mediante resonancia magnéticas los científicos detectaron que con cada uno de esos pensamientos que las personas evocaban en su mente se iluminaba una zona muy concreta del cerebro, siempre la misma. Gracias a estos dos pensamientos tuvieron la capacidad de hacerle a un paciente que llevaba 5 años en estado vegetativo preguntas en las que sólo tenía que responder sí o no. Un pensamiento era para decir sí y otro para decir no. De esta manera pudieron tener 5 respuestas totalmente congruentes sobre si su padre se llamaba de una manera, si vivía en tal ciudad etcétera.
Como os podéis imaginar este descubrimiento ha sido acogido con mucha esperanza por los parientes de personas que se encuentran en ese estado irreversible ya que ahora saben que éstos pueden escucharles e incluso responder a sus preguntas. De la misma manera la medicina dará un paso de gigante para estos casos ya que podrán preguntarle al paciente cosas como si tiene dolor o no y dependiendo de la respuesta pueden adaptar el tratamiento a sus necesidades.
El punto de inicio de todo lo que conocemos, lo que estaba allí antes de que nada hubiera existido. Para la iglesia el nombre que se le da a esta definición es Dios, pero para los físicos es una partícula a la que llaman Bosón de Higgs. Dicen los más sensacionalistas que poder observar esta partícula sería lo mismo que conseguir ver el rostro del mismísimo Dios. Una vez más, la polémica entre ciencia e iglesia está servida.
¿Pero qué diablos es el Bosón de Higgs?

En la wikipedia encontramos la siguiente definición:
El bosón de Higgs es una partícula elemental hipotética masiva cuya existencia es predicha por el modelo estándar de la física de partículas. Es la única partícula del modelo estándar que no ha sido observada hasta el momento, pero desempeña un rol importante en la explicación del origen de la masa de otras partículas elementales, en particular la diferencia entre el fotón (sin masa) y los bosones W y Z (relativamente pesados). Las partículas elementales con masa y la diferencia entre la interacción electromagnética (causada por los fotones) y la fuerza débil (causada por los bosones W y Z) son críticos en muchos aspectos de la estructura microscópica (y así macroscópica) de la materia. Con esto, si la partícula existe, el bosón de Higgs tendría un enorme efecto en la física y el mundo de hoy.
Pero yo intentaré explicaros de qué va todo esto con una forma más simple.
En toda la historia de la física de este siglo se han ido desentrañando los secretos de las partículas subatómicas, y gracias a esto hemos desvelado los secretos de la electricidad, el magnetismo, la radioactividad o la fuerza nuclear. Pero cada una de estas partículas y todas las demás, aquellas de las que estamos formados por ejemplo, necesitan según la definición actual de lo que es la masa y cómo está formada del bosón de Higgs para ser como son.
El problema es que esta partícula sólo se manifestó en los primeros instantes del Big Bang debido una temperatura de miles de millones de grados y a unas condiciones que el universo no ha vuelto a conocer en toda su historia, por lo que la raza humana, a pesar de basar toda su teoría molecular en su existencia, aun no la ha podido ver. No es de extrañar por lo tanto que para los científicos del CERN ayudados por el LHC, el mayor acelerador de partículas jamás creado, sea primordial poder observar al fin la que desde los años 60 se la conoce como “la partícula de Dios“. Si esta partícula no existiera todos nuestros conocimientos sobre la masa y la estructura del universo serían erróneos. Ahí es nada amigos, resultaría que llevamos décadas explicando de manera errónea la creación del universo.
El año pasado, el primer intento de recrear a minúscula escala el Big Bang y la creación del universo y encontrar el bosón de Higgs tuvo que cancelarse por problemas técnicos, pero está previsto que se vuelva a intentar el próximo otoño. Desgraciadamente y como lleva pasando durante toda nuestra historia siempre que estamos a punto de hacer un gran descubrimiento muchos ignorantes, algunos en la piel de periodistas, han intentado lanzar todo tipo de calumnias contra este experimento. Se han llegado a decir disparates como que se creará un agujero negro que se tragará la tierra. Para vuestra tranquilidad os diré que los científicos de verdad desmienten totalmente esta y muchas otras críticas sin ningún tipo de base científica.




